Adelantándose
a la celebración del Día del Niño, el Ateneo
Dr. Humberto Pedro Burgos visitó –el pasado sábado 11 de agosto- el merendero “Horita Feliz” ubicado en el
barrio Atocha I, donde compartió una tarde plena de sonrisas y alegrías con un
numeroso grupo de chicos.
Poco antes de las 14, y mientras se ponían a punto dos coloridos castillos
inflables, las risas y los ojitos brillantes de los pequeños pronosticaban una jornada
festiva desbordante de magia y felicidad. Vale destacar que el regocijo y el
buen ánimo también se vio reflejado en el rostro de los padres y familiares que
acompañaron a los chicos en el transcurso de la soleada tarde.
Durante las siguientes 4 horas, los niños compartieron un agradable momento de
distracción, corriendo, trepando y saltando incansablemente en los peloteros. Y
no era para menos, ya que gracias a la iniciativa del Ateneo, disfrutaban por
primera vez de este tipo de entretenimiento.
Para colaborar El merendero “Horita Feliz” está ubicado en la Manzana 148, sección Z, del barrio Atocha I (al costado del río Arenales). Gracias al esfuerzo de un equipo encabezado por Natalia Luis y Yeny, el espacio brinda su valioso servicio a unos 84 chicos, a los que se suman padres y familiares. Aquellos que deseen prestar su colaboración, pueden contactarse a través del Facebook: “Merendero Horita Feliz”. Todo tipo de ayuda será bienvenida.
El
próximo 17 de agosto se conmemora un nuevo aniversario del “paso a la
inmortalidad” del General Don José de
San Martín, un militar y político cuyas campañas revolucionarias fueron
decisivas para las independencias de Argentina, Chile y Perú. Con el fin de
hacer hincapié en los momentos clave que marcaron el rumbo de nuestra Patria,
el Ateneo Dr. Humberto Pedro Burgos evoca
la figura del Libertador de América, repasando su vida, sus logros y su legado.
Don José de San Martín Matorras nació en Yapeyú (Argentina), el 25 de febrero
de 1778.
Sus padres fueron Juan de San Martín y
Gregoria Matorras. A los 9 años viajó a España y a los 11 inició su carrera
militar como cadete del Regimiento de Murcia. Combatió contra moros, franceses
y portugueses.
Desde 1808 luchó contra el ejército napoleónico que invadió España, pero en
1812 se embarcó a Londres, y luego a Buenos Aires para luchar por la
independencia americana. En 1813, lideró el Regimiento de Granaderos a Caballo
que derrotó a los realistas en la batalla de San Lorenzo.
En 1814, San Martín fue nombrado gobernador de la Intendencia de Cuyo y se
instaló en su capital, Mendoza, para iniciar los preparativos de su expedición
libertadora del Perú.
De 1814 a 1817 organizó el Ejército de los Andes, con el cual cruzó la
Cordillera de los Andes y logró la independencia de Chile con la victoria de
Maipú, en 1818. En 1820 llegó a Perú, y en julio de 1821 proclamó su
independencia en Lima. Gobernó Perú hasta septiembre de 1822, pero no pudo
derrotar al virrey La Serna. Se retiró para dejarle el camino libre a Simón
Bolívar.
San Martín llegó a Buenos Aires en 1823 y al año siguiente se radicó en Europa.
Se instaló en Francia y falleció –a los 72 años– en la ciudad de Boulogne-sur-Mer,
el 17 de agosto de 1850.
San Martín en 5 frases 1-"La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien".
2-"Hace más ruido un hombre gritando que cien mil que están
callados".
3-"La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices
mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder".
4-"Si somos libres, todo nos sobra".
5-"Cuando la patria está en peligro todo está permitido, excepto no
defenderla".
Se acercaba el final
“…San Martín había envejecido. El pelo estaba enteramente
blanco y las arrugas surcaban su rostro cansado. Las manos huesudas parecían
alargarse. Ya no veía casi nada y apenas si lograba firmar trabajosamente las
cartas que dictaba a su hija. Aquella ceguera, aquel finalizar físico de su
visión que en lo interno penetrara tan hondo, ponía una nota patética en su
ostracismo. La salud, flaca, casi siempre, se hallaba del todo minada, y las
antiguas dolencias venían a librarle batalla.
Estaba en paz con su alma y en olvido del mundo. Había redactado en
Grand-Bourg, allá por el año 1844, sus disposiciones testamentarias en un
documento de nobilísima factura, que comenzaba con estas palabras: “En el nombre de Dios Todo Poderoso, a
quien reconozco como hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín,
Generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, Capitán
General de la de Chile y Brigadier General de la Confederación Argentina...”.
Su hija Mercedes quedaba de heredera universal, con la obligación de algunos
legados. A Rosas iba su sable de América en reconocimiento de cuanto había
hecho por defender a su patria de la agresión imperialista europea. El
estandarte de Pizarro volvería al Perú. Y su corazón reposaría en Buenos Aires.
Nada de funerales ni de ceremonias suntuosas, nada de vanidad, que ante la
muerte, iguales somos los grandes y los pequeños...".
Eugenio Orrego Vicuña (escritor y abogado chileno. 1900-1959)
Los 7 granaderos En 1826 regresaban a Buenos Aires los últimos 76 granaderos de la cruzada
independentista. No los recibieron con loas ni nada. Nada.
Volvían andrajosos, enfermos, tras 10 años de no ver a su familia ni su
terruño.
Los repartieron en diferentes reparticiones del ejército… Así nomas, como si fueran comunes soldados.
Rivadavia, días después de la llegada de éstos, decide disolver el cuerpo de
granaderos.
54 años más tarde, el 28 de mayo de 1880, llega al puerto de Bs. As. el vapor
Villarino. Traía los restos del General San Martín a su morada final.
Por entonces, tantas décadas después, solo quedaban siete granaderos vivos. Y sin ponerse de acuerdo, se visten con
sus andrajosos uniformes, guardados con cariño y respeto.
Marcharon a caballo a recibir a San Martín. Lo acompañaron hasta su tumba y se
quedaron, en guardia, toda la noche. Don José había vuelto a la Patria.
Todos lo vieron, todos supieron que eran esos granaderos. Al alba, dejaron su
guardia y no los volvieron a ver. Jamás supieron los nombres, jamás se los preguntaron.
Años después, Roca firma el decreto que crea al regimiento de Granaderos, con
base al mejor de caballería. Usando de parada el uniforme diseñado por San Martín.
Pero fue Figueroa Alcorta quien nombra a los granaderos como escolta
presidencial, y desde entonces, todas las mañanas, marchan siete granaderos,
desde Casa Rosada hasta la Catedral.
Siete granaderos, turnándose al cabo del día, en la guardia, para custodiar a
don José. Por eso son siete, y no un número mayor o par. Por los siete anónimos
que lo escoltaron y cuidaron en su primera noche.